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Naturaleza

Se puede engañar a las plantas con ilusiones ópticas sin ojos ni cerebro

Un girasol se inclina hacia una luz tenue cuando dos luces más brillantes se anulan entre sí, porque suma direcciones y no brillos.

5 Nov 2026 · 3 min · 1 fuentes · Español

No hacen falta ojos ni cerebro para ser víctima de una ilusión óptica. Unos botánicos han descubierto que se puede lograr que un girasol se incline hacia una luz tenue mientras dos luces más brillantes, dirigidas hacia él desde lados opuestos, se anulan entre sí.

Una luz tenue vence a dos brillantes

El equipo, de la Universidad de Tel Aviv, eligió los girasoles porque son los buscadores de luz más conocidos del mundo vegetal. En un experimento, los investigadores iluminaron una planta desde dos lados opuestos con fuentes de idéntico brillo y luego añadieron una tercera fuente, más débil, en ángulo recto con las otras dos. El girasol se inclinó hacia la luz más débil. Las dos luces más brillantes parecían anularse entre sí.

Los pasos anteriores de la misma serie eran más fáciles de predecir. Una única fuente de luz, cada vez más brillante, atraía la planta hacia sí, aunque cada aumento de brillo producía menos curvatura adicional que el anterior. Cuando dos luces de distinto brillo se enfrentaban, la planta se inclinaba hacia la más brillante, pero el ángulo de la curvatura no crecía al mismo ritmo que la diferencia de brillo.

La planta suma direcciones, no brillos

Los investigadores explican el resultado por la forma en que se procesan las señales luminosas dentro de la planta. Duplicar el brillo de una luz no duplica la señal que recibe la planta. Cuando la planta determina hacia dónde inclinarse, suma la dirección de esas señales, no la intensidad de la luz que las produjo. Dos luces igual de brillantes en lados opuestos envían señales que apuntan en direcciones contrarias, y ambas se anulan. La luz más débil, que llega desde una tercera dirección, es entonces la única señal que sigue apuntando a algún sitio, así que la planta se inclina hacia allí. Eso es lo que da lugar a la aparente ilusión óptica. El estudio se publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Sensores repartidos por el tallo

El lugar donde la planta guarda sus sensores de luz también importa. En las personas, las células fotosensibles se sitúan en la parte delantera de la cara, en dos ojos. En una planta están repartidas por todo el cuerpo, sobre todo a lo largo del tallo, de modo que la luz que llega desde varias direcciones es captada por distintas zonas de tejido al mismo tiempo. El equipo lo describe como un sistema sensorial distribuido, repartido por el cuerpo en lugar de concentrado en un solo punto, y es lo que permite que se produzca la confusión.

Yasmine Meroz, una de las autoras del estudio, señaló que el trabajo muestra cómo la organización física de un sistema sensorial puede determinar la manera en que un organismo percibe su entorno y responde a él. Añadió que el principio podría extenderse mucho más allá de las plantas, a células, bacterias y otros sistemas vivos que dependen de una percepción repartida por su cuerpo en lugar de concentrada en un solo punto.