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Ciencia

Los científicos identifican el hongo detrás de las visiones de humanos diminutos

Personas de China y Filipinas describieron haber visto personas diminutas y coloridas tras comer un hongo boleto silvestre, y los análisis de ADN ahora apuntan a una sola especie.

25 Oct 2026 · 3 min · 1 fuentes · Español

Ciertos hongos silvestres pueden hacer que las personas vean decenas o incluso cientos de humanos diminutos y coloridos que se mueven por el mundo real, caminan alrededor de los objetos, trepan por las superficies y reaccionan a lo que tienen cerca. La experiencia se ha reportado en lugares separados por miles de kilómetros, y los científicos han identificado ahora una especie de hongo detrás de ella en dos países.

Las visiones tienen nombre: alucinaciones liliputienses

Las figuras en miniatura son tan constantes que la experiencia tiene su propia etiqueta. Los investigadores las llaman alucinaciones liliputienses, por los diminutos habitantes de «Los viajes de Gulliver», que miden apenas 6 pulgadas de altura.

Tres comunidades distintas han descrito lo mismo después de comer hongos locales:

  • En Papúa Nueva Guinea, los hongos se conocen como «Nonda».
  • En Yunnan, en el suroeste de China, se llaman «Jian shou qing».
  • En la remota región de la Cordillera Septentrional, en Filipinas, se llaman «Sedesdem».

Estos hongos ocupan un lugar importante en las tradiciones culinarias locales, y la gente los come. Las visiones suelen aparecer cuando los hongos no se cocinan bien.

Una búsqueda química estancada durante décadas

El rastro científico comienza en 1934, cuando investigadores occidentales supieron que algunas personas en Papúa Nueva Guinea tenían visiones vívidas de humanos en miniatura tras comer hongos silvestres. El efecto se conoció como «locura del hongo».

Durante las décadas de 1950 y 1960, antropólogos y especialistas en hongos viajaron a Papúa Nueva Guinea para investigar. Su trabajo apuntó a varias especies posibles de la familia de los boletos. Sin embargo, los análisis químicos no revelaron nada que pudiera explicar las visiones. Las muestras fueron examinadas incluso por Albert Hofmann, el científico que aisló por primera vez el compuesto alucinógeno de los hongos mágicos y que también descubrió un famoso alucinógeno sintetizado en laboratorio. Tampoco él pudo identificar un principio activo.

Sin una explicación química, algunos investigadores empezaron a dudar de que los hongos fueran los responsables. Sugirieron que las visiones provenían, más bien, de expectativas culturales. A finales de la década de 1960, la investigación se había detenido en gran medida. Revivió en los años noventa, cuando personas de Yunnan reportaron alucinaciones similares tras comer hongos boletos, y los investigadores sospecharon de un hongo llamado Lanmaoa asiatica.

El ADN apunta a una sola especie

En 2024, Colin Domnauer, estudiante de doctorado en la Universidad de Utah, supo de experiencias similares entre una comunidad indígena del norte de Filipinas. Era el tercer informe independiente de hongos silvestres que provocan visiones de personas diminutas.

Domnauer viajó a Yunnan y Filipinas, entrevistó a residentes locales y recolectó especímenes de hongos. El trabajo de campo incluyó el primer estudio científico de hongos del norte de Filipinas. Él y Bryn Dentinger, micólogo vinculado a la universidad y al Museo de Historia Natural de Utah, leyeron después el ADN de los hongos recolectados para determinar qué eran.

Los resultados mostraron que los hongos llamados Jian shou qing en China y Sedesdem en Filipinas son ambos Lanmaoa asiatica. Fue una sorpresa, porque se pensaba que la especie solo crecía en China.

Dentinger también visitó Papúa Nueva Guinea, donde comenzó el misterio, pero un clima inusualmente seco hizo imposible recolectar muestras, así que ese hongo sigue sin verificarse.

El equipo no encontró rastro de psilocibina, el compuesto alucinógeno más conocido de los hongos, ni de ninguna otra sustancia psicoactiva conocida. Eso sugiere que Lanmaoa asiatica podría producir una sustancia química que la ciencia no ha descrito antes. Identificarla podría ayudar a los investigadores a entender experiencias visuales inusuales y cómo el cerebro construye nuestro sentido de la realidad. Los hallazgos se publicaron en la revista Mycologia.