En el siglo XVIII, supuestamente se bebía la sangre de un presunto vampiro
Los relatos impresos sobre cadáveres inquietos se volvieron tan intensos en el siglo XVIII que, según se cuenta, la gente comía los órganos de un presunto vampiro y bebía su sangre, a veces con vodka.
En los siglos XVII y XVIII, el miedo a los vampiros alcanzó cotas extraordinarias, y los relatos impresos sobre ellos se volvieron extremos. Quienes creían que un vecino muerto se levantaba de la tumba no se conformaban con cortarle la cabeza o colocar hoces sobre su cuello. Según los relatos, también comían los órganos de un presunto vampiro y bebían su sangre, a veces mezclada con vodka, con la esperanza de impedir que el muerto dañara a los vivos.
Qué se hacía con un cuerpo que podía levantarse
El relato procede de un extracto del libro «Killing the Dead: Vampire Epidemics from Mesopotamia to the New World», escrito por el historiador John Blair, profesor emérito de historia medieval y arqueología de la Universidad de Oxford. Blair describe todo un conjunto de medidas adoptadas contra quienes se creía que eran vampiros:
- Algunos cortaban la cabeza del difunto.
- Otros les colocaban hoces sobre el cuello.
- A muchos se los enterraba boca abajo.
- En una tumba de Polonia se encontraron los restos de un niño con un candado de hierro alrededor del pie.
En otro enterramiento de Polonia se halló una reja de arado, la pesada hoja del arado, clavada en el pecho de la persona. Junto a estas medidas, los relatos describían algo aún más extraño: comer los órganos de un presunto vampiro y beber su sangre, lo que el titular del relato denomina «beber la sangre del cadáver mezclada con vodka». El relato califica esta práctica de supuesta, es decir, es lo que afirmaban las historias y no algo que se presente como probado.
La imprenta convirtió historias dispersas en un miedo compartido
Blair rastrea cómo la imprenta cambió la forma en que viajaban estas historias. A unas referencias tempranas y esporádicas les siguió un conjunto de debates teológicos y filosóficos entre aproximadamente 1580 y 1610. A partir de la década de 1670, el volumen de debate y comentario académico e histórico impreso creció de forma constante hasta alcanzar su punto álgido en 1732. Para entonces, la palabra «vampiro» era todavía relativamente nueva, y el público lector había recibido tal cantidad de discusión fragmentada y repetitiva que quería un verdadero manual sobre el tema.
El monje que recopiló las historias
Esa demanda se satisfizo en 1746, cuando el erudito benedictino Dom Augustin Calmet, monje e investigador, publicó su estudio sobre los seres sobrenaturales. El libro se reeditó rápidamente en varias ediciones, incluida una inglesa en 1759. Su sección sobre los vampiros se convirtió en el trabajo académico más influyente jamás publicado sobre el tema, según Blair, y su enfoque directo y basado en pruebas destacó tras una larga serie de obras cada vez más derivativas.
El libro de Calmet inspiró a una amplia familia de seguidores y divulgadores que llevaron las historias a un público mucho más amplio. Un ejemplo es «Histoire des vampires et des spectres malfaisants» —Historia de los vampiros y los espectros maléficos—, un libro de bolsillo publicado en 1820 que reempaquetó a Calmet para el mercado de masas. Blair señala que el libro de Calmet sigue siendo la fuente última de gran parte de la literatura moderna sobre vampiros en Europa y América, tanto ficticia como supuestamente histórica.